Alan
Una historia que empezó en una carretera de Extremadura
Alan tenía apenas dos meses cuando fue encontrado abandonado en una carretera de Extremadura. Estaba muy delgado, tenía sarna y todavía le quedaba mucho por vivir.
Pero nada de aquello parecía quitarle las ganas de ser feliz.
Desde la primera vez que le vi, dejó ver una de sus peculiaridades más entrañables: se acercó a nosotros moviendo la cola y el trasero hacia un lado mientras la cabeza y la parte delantera de su cuerpo iban hacia el otro. Todo ello con la cabeza agachada y una felicidad que le salía por cada parte del cuerpo.
Era imposible no enamorarse de él.
Nada más llegar a casa recibió su primer baño y protagonizó una de sus primeras anécdotas: se enfadó muchísimo con aquel cachorro que le miraba desde el espejo.
Poco después se descubrió que Alan padecía una enfermedad congénita relacionada con la bolsa pericárdica, la membrana que rodea el corazón. Los veterinarios advirtieron que era una auténtica bomba de relojería.
Todavía no había cumplido su primer año cuando lo supimos y meses después tuvo que enfrentarse a una operación decisiva.
Pero Alan es un luchador y salió adelante.
Hoy, aquel cachorro escuálido es un grandullón a punto de cumplir diez años, noble, sensible y cariñoso, que sigue moviendo las dos mitades de su cuerpo en direcciones distintas cuando está especialmente contento.
Alan encontró su hogar hace muchos años. Y ahora, sin saberlo, se ha convertido en el primer miembro de una familia que todavía tiene muchas historias por escribir.